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Alonso quiere un preso por celda y subir los salarios de los funcionarios

El ministro del Interior, José Antonio Alonso, apostó ayer por intentar conseguir el objetivo de un preso por cada celda y anunció que el Gobierno hará «el máximo esfuerzo» por mejorar los salarios de los funcionarios de prisiones. Alonso realizó estas manifestaciones durante la celebración de la festividad de La Merced, patrona de Instituciones Penitenciarias, que este año coincidía con el XXV aniversario de la Ley Orgánica General Penitenciaria, cuya actualización defendió el ministro, aunque garantizando su «espíritu».

El titular de Interior expresó su

reconocimiento a los funcionarios de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias y a sus máximos responsables durante los últimos 25 años ocho de los cuales estaban presentes, y recordó que ha sido un colectivo amenazado por ETA y «eso merece un plus de reconocimiento».

En este sentido, explicó que el Gobierno es consciente de las necesidades materiales y personales de Instituciones Penitenciarias, por lo que aseguró que tratarán de hacer realidad el objetivo de un preso por cada celda.

Además, se comprometió a hacer «el máximo esfuerzo, dentro de las posibilidades presupuestarias, por mejorar sus salarios porque se lo merecen».

La finalidad

El ministro destacó que la finalidad del cumplimiento de las penas es la rehabilitación y reinserción de los internos porque «da muestra del nivel de la calidad moral del sistema democrático y de la sociedad».

Al acto asistieron además la subsecretaria de Interior, Soledad López, y la directora general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, quien planteó una relectura de la Ley «para poner al día algunas cosas, pero manteniendo la filosofía» de esta norma.

El Semanal Digital

 

 

Más de 400 presos musulmanes imponen su ley en Topas

 

 

Las denuncias de los funcionarios de prisiones sobre Topas no son más que una consecuencia de la situación que se vive en las prisiones de la Comunidad castellanoleonesa.

25 de septiembre. Si a las seis de la mañana la llamada al rezo del muecín le despierta y al ir a la biblioteca observa que ésta se ha convertido en una mezquita y le impiden la lectura de cualquier texto escrito que no sea el Corán no crea usted que ha viajado a Irán, Irak o Afganistán: se encuentra en la prisión salmantina de Topas, donde más de 400 presos musulmanes se han "adueñado" de la situación.

El sindicato de prisiones ACAIP envió varios escritos a la nueva directora general de Instituciones penitenciarias, Mercedes Gallizo, alertando de la penosa situación de esta prisión salmantina. Por su parte, Gallizo se ha limitado a restar importancia a estas denuncias y a

achacar la responsabilidad al anterior Gobierno. Los funcionarios, mientras tanto, han visto como la Dirección General no ha tomado ninguna medida para paliar este estado de cosas. Critican el hacinamiento de la cárcel: más de 1.500 personas cuando la capacidad establecida para el centro es de 1.026. Del total, 806 internos son extranjeros y de éstos 403 musulmanes.

Los funcionarios denuncian, siempre que pueden, que los responsables del centro han "tragado" con la imposición de los islamistas. Estos no dejan entrar en su territorio (el módulo 9, la biblioteca, etc.) a ningún otro interno y plantean problemas para la entrada de mujeres médicos o ATS en las dependencias de la cárcel.
Los internos no musulmanes - entre ellos se llaman los "cristianos"- tampoco aguantan la situación. Lo que más les molesta es el llamamiento a la oración que hacen los imanes a las seis de la mañana y que les despierta. De nada sirven las recriminaciones de los funcionarios para que intenten ser silenciosos. En la cárcel,

el tema del sueño es sagrado. El reglamento dice que todos tienen derecho a ocho horas de descanso nocturno y los musulmanes no lo están respetando; se amparan en la ley de libertad religiosa.

El sindicato de prisiones denuncia también que la mayoría de reclusos extranjeros se concentra en las cárceles de la Comunidad de Castilla y León, una de las que, curiosamente, presenta menos tasas de delincuencia. En "La Moraleja", situada en la localidad palentina de Dueñas, hay 1.079 internos extranjeros de un total de 1.502; en la de Topas (Salamanca) 806; en la de mujeres de Ávila, 89 extranjeras de un total de 167, y en León 727 reclusos de distintas nacionalidades de un total de 1.425 internos.

Si al hacinamiento --dicen los funcionarios-- se suma un aumento en la conflictividad de los internos, el cóctel puede ser explosivo. El comportamiento de los musulmanes depende de su número y poder dentro del módulo. Si están en minoría, rezan en su celda. Y si están en mayoría, imponen sus reglas.

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