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CONCEPTO
DE ASERTIVIDAD. ACEPTACIÓN Y OPOSICIÓN ASERTIVA
Existen múltiples definiciones de
asertividad pero todas convergen en considerarla como una habilidad de
comunicación interpersonal o social.
Se puede definir como la capacidad
para transmitir hábilmente opiniones, intenciones, posturas, creencias y
sentimientos. La habilidad consiste en crear las condiciones que permitan
conseguir todos y cada uno de estos cuatro objetivos:
eficacia (conseguir aquello que uno
se propone),no sentirse incómodo al hacerlo, y en situaciones en que se pone de
manifiesto un conflicto de intereses, ocasionar las mínimas consecuencias
negativas para uno mismo, para el otro, y para la relación.
en situaciones de aceptación
asertiva, establecer relaciones positivas con los demás.
Veamos algunas características de la
asertividad:
Como toda habilidad, la asertividad
no es un término dicotómico (todo - nada), sino que la conducta puede resultar
más o menos asertiva. Es decir, puede conseguir en mayor o menor medida los
objetivos señalados anteriormente .
La asertividad no es una
característica de personalidad aunque pueda estar relacionada con determinadas
formas de la misma. Por tanto, una persona puede mostrarse más asertiva en
determinadas situaciones y menos en otras. Este sería el caso de alguien que
cuando expresa una opinión contraria o se muestra en desacuerdo ante su pareja,
suele hacerlo de forma asertiva. En cambio, ante su jefe suele inhibirse o bien,
se siente incómodo o provoca conflictos cuando lo hace.
Todas las habilidades pueden
aprenderse con mayor o menor dificultad y en este sentido, la asertividad no es
diferente. Así que una persona que suele ser poco asertiva en su interacción con
personas del sexo contrario y de edad similar, puede llegar a serlo más mediante
el entrenamiento correspondiente.
La literatura distingue entre
oposición asertiva y aceptación asertiva.
En general, se consideran
habilidades de oposición asertiva aquellas que se aplican a situaciones de
interacción con el objeto de manejar conductas poco razonables de los demás. Una
de las principales consecuencias de la oposición asertiva es la conservación de
la autoestima.
De otro lado, la aceptación asertiva
se relaciona con la capacidad de ofrecer y recibir reconocimiento y cumplidos.
Estas habilidades se inhiben con demasiada frecuencia olvidando las ventajas que
comportan. Debe tenerse en cuenta que ofrecer reconocimiento y cumplidos ante la
conducta adecuada o gratificante del otro, aumenta la probabilidad de que la
repita en un futuro.
Estas habilidades permiten aumentar
la autoestima tanto del emisor como del receptor al mostrar aceptación y afecto
hacia los demás, y en definitiva, facilitan la relación de confianza aumentando
la satisfacción mutua. Ayudan a establecer relaciones positivas con los demás.
Frente a este tipo de situaciones
puede reaccionarse con falta de habilidades asertivas, con asertividad,
agresivamente, o inhibiéndose. Veamos qué ventajas supone la conducta asertiva
frente las otras tres.
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VENTAJAS DE UNA RESPUESTA ASERTIVA
La inhibición supone la falta de
acción. Las opiniones y deseos de los demás prevalecen sobre los propios ya que
se opta por no manifestarlos. Las consecuencias que tiene esta opción es la
sumisión ante los deseos del otro y el sentimiento de frustración al no poder
lograr los propios objetivos. De otro lado, impide que se avance en el grado de
confianza de una relación al no darse a conocer. Inhibir sistemáticamente las
opiniones, los deseos, las intenciones y la postura personal puede evitar
problemas con los demás, pero acaba convirtiendo a quien así se comporta en un
completo desconocido. En última instancia, la inhibición refuerza el temor
desmesurado a no ser aceptado por los demás y a no creer en los derechos
asertivos que todos tenemos. Entonces aparecen sentimientos de indefensión y la
creencia de que "haga lo que haga, no cambiaría las cosas".
Realmente, muchas de las veces que
uno se siente disconforme con el trato recibido por otro y le atribuye malas
intenciones, se resolvería contestando afirmativamente a la pregunta "¿se lo has
dicho?"
Una conducta agresiva en el estilo,
el tono y el contenido del mensaje, permite una descarga emocional más o menos
intensa que puede resultar satisfactoria en un primer momento. A diferencia de
la inhibición, una conducta agresiva puede conseguir el objetivo que uno se
propone al provocar en el otro una conducta de sumisión (¡o no!). Pero el precio
que se paga por ello puede ser alto. A medio plazo, puede que se hagan evidentes
nuevos conflictos con la persona "sometida". En realidad, a nadie le gusta ser
objeto de una agresión y ello podría dañar seriamente, y a veces letalmente, la
relación. En el caso en el que no exista una rebelión por parte de la persona
objeto de la agresión, es bastante probable que ésta no se atreva a expresarse
libremente por temor a ser agredida nuevamente. Así que a medio - largo plazo,
la conducta agresiva provocará una falta de confianza mutua que acabará por
limitar, sino erosionar, la relación.
Una conducta sistemáticamente
inhábil, es decir, poco asertiva, no logra transmitir eficazmente la propia
postura ni conseguir los objetivos de uno. A la larga crea sentimientos de
indefensión (como en el caso de la inhibición) que aun son más intensos al ir
precedidos de intentos infructuosos. Después de fracasos repetidos al hacer
prevalecer los propios derechos, se refuerza la creencia de no ser aceptado por
los demás.
Un estilo asertivo de conducta
permite comunicar tranquila y eficazmente cuál es nuestra propia postura y
ofrece información sobre cómo nos gustaría que el interlocutor actuase en un
futuro. Permite darse a conocer y perseguir los propios objetivos respetando los
derechos de los demás. Evidentemente no asegura la obtención de todo aquello que
uno desearía de los otros, pero al menos sí permite que ellos conozcan de qué se
trata. La persona que practica una conducta asertiva se percibe como auto eficaz
al sentirse capaz de hacer aquello que cree y desea hacer. Por todo ello, un
estilo asertivo permite conservar una relación de confianza con los otros, y de
otro lado, la autoestima.
DERECHOS ASERTIVOS
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Concepto
Todo ser humano tiene derecho a ser
quien es y a expresar lo que piensa y siente. Cuando esto se hace de forma
asertiva se asegura el máximo respeto por los demás y por uno mismo.
El lector puede consultar algunos
ejemplos de situaciones en los que se hacen prevalecer estos derechos mediante
un estilo asertivo
Los derechos asertivos se supeditan
al principal, el derecho a decidir si se desea hacerlos servir. El criterio para
tomar tal decisión será personal. A modo general, recomendamos que se tenga en
cuenta de una parte, la influencia que ejerce cada uno de ellos en la
conservación de la autoestima, y de otra, la valoración de las situaciones
concretas en las que decida utilizarlos.
De otro lado, no olvide que todos
cuantos le rodean tienen estos derechos, no sólo Ud.
A continuación exponemos una
recopilación de aquellos que han sido consensuados por varios autores.
28 derechos asertivos
Algunas veces, Ud. tiene derecho a
ser el primero.
Ud. tiene derecho a cometer errores.
Ud. tiene derecho a tener sus
propias opiniones y creencias.
Ud. tiene derecho a cambiar de idea,
opinión, o actuación.
Ud. tiene derecho a expresar una
crítica y a protestar por un trato injusto.
Ud. tiene derecho a pedir una
aclaración.
Ud. tiene derecho a intentar cambiar
lo que no le satisface.
Ud. tiene derecho a pedir ayuda o
apoyo emocional.
Ud. tiene derecho a sentir y
expresar el dolor.
Ud. tiene derecho a ignorar los
consejos de los demás.
Ud. tiene derecho a recibir el
reconocimiento por un trabajo bien hecho.
Ud. tiene derecho a negarse a una
petición, a decir "no".
Ud. tiene derecho a estar sólo, aún
cuando los demás deseen su compañía.
Ud. tiene derecho a no justificarse
ante los demás.
Ud. tiene derecho a no
responsabilizarse de los problemas de los demás.
Ud. tiene derecho a no anticiparse a
los deseos y necesidades de los demás y a no tener que intuirlos.
Ud. tiene derecho a no estar
pendiente de la buena voluntad de los demás, o de la ausencia de mala idea en
las acciones de los demás.
Ud. tiene derecho a responder, o no
hacerlo.
Ud. tiene derecho a ser tratado con
dignidad.
Ud. tiene derecho a tener sus
propias necesidades y que sean tan importantes como las de los demás.
Ud tiene derecho a experimentar y
expresar sus propios sentimientos, así como a ser su único juez.
Ud. tiene derecho a detenerse y
pensar antes de actuar.
Ud. tiene derecho a pedir lo que
quiere.
Ud. tiene derecho a hacer menos de
lo que es capaz de hacer.
Ud. tiene derecho a decidir qué
hacer con su cuerpo, tiempo, y propiedad.
Ud. tiene derecho a rechazar
peticiones sin sentirse culpable o egoísta.
Ud. tiene derecho a hablar sobre el
problema con la persona involucrada y aclararlo, en casos en que los derechos de
cada uno no están del todo claros.
Ud. tiene derecho a hacer cualquier
cosa, mientras no vulnere los derechos de otra persona.
Recomendaciones
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Después de leer esta lista
identifique cuál de ellos suele olvidar y cree que sería interesante
incorporarlo en su vida cotidiana. No pretenda recoger varios simultáneamente.
Es mejor hacerlo de uno en uno.
Elabore una tarjeta con su enunciado
y déjela en algún lugar al que acceda asiduamente (la carpeta de estudio, la
agenda, el libro que está leyendo, el bolso, la puerta de la nevera...).
Cada vez que vea de nuevo la
tarjeta, léala.
De esta manera, obrará como
recordatorio de su propósito de incorporar ese nuevo derecho a su vida.
Recomendamos que antes de llevar a
cabo cualquier intento de nueva incorporación de estos derechos se lea
detalladamente el apartado de "Peligros de autoentrenarse en habilidades
asertivas"
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ESQUEMA GENERAL
DE UNA RESPUESTA DE OPOSICIÓN ASERTIVA
Cada situación requiere una
respuesta asertiva diferente aunque cada una de ellas forma parte de alguno de
los tipos de respuesta de oposición asertiva (ver oposición asertiva). En el
apartado siguiente se plantean 3 tipos de respuesta que se aplican a situaciones
que aparecen frecuentemente.
Antes de pasar a ellas se expone el
esquema general que suele seguir cualquier respuesta de oposición asertiva.
Probablemente no todas las fases serán aplicables a todas las situaciones ya
que, como esquema general, pretende recoger el amplio abanico de situaciones de
oposición asertiva.
Los componentes no verbales son
comunes a todo tipo de respuesta. A continuación se expone cómo utilizarlos:
Contacto visual. La mirada debe
estar centrada en el receptor del mensaje mientras se expone el tema. Se
recomienda que al menos se mantenga el 50 % del tiempo que dura la exposición. A
momentos puede desviarse con el objeto de concentrarse en aquello que se quiere
expresar. Una mirada excesivamente fija puede recibirse como increpante y
hostil.
Afecto. El tono debe ser firme y
convincente, aunque nunca hostil. Se adaptará a la situación que se está
debatiendo y al momento del mismo.
Voz. Se utilizará un volumen
audible, ni demasiado elevado ni demasiado bajo. La articulación de las palabras
será clara, sin titubeos. El ritmo será tranquilo, sin acelerarse.
Pausas. Se hará una pausa más larga
cuando se desee que el interlocutor pase a tomar la palabra.
Gestos. Pueden utilizarse gestos con
la cabeza, la cara, los brazos, y las manos que enfaticen el discurso. Se
cuidará de que estos gestos sean naturales, es decir, sean del estilo que suele
utilizar la persona, ya que de no ser así, pueden restar fuerza al mensaje. Se
evitarán gestos como señalar con el dedo índice puesto que puede recibirse como
acusatorio, y en general, cualquier otro que pudiera transmitir hostilidad.
Postura corporal. El cuerpo se
mantendrá erguido pero relajado. La cabeza recta, mirando al interlocutor.
A continuación se describen los
componentes verbales:
Expresión que denote comprensión de
la postura del otro. Comprender al otro no significa necesariamente estar de
acuerdo. En este punto hay que hacer un esfuerzo de entendimiento de los motivos
o de la visión que el interlocutor tiene del asunto, y expresarlo. Si es
necesario, se pedirán aclaraciones hasta que se esté en posición de formular una
frase que lo sintetice.
Con ello no sólo aumentan las
posibilidades de que se muestre más receptivo a lo que se le va a exponer, sino
que puede tener un efecto de matización en el propio mensaje.
Supongamos que un hombre recibe de
su jefe una petición en forma de exigencia y en tono claramente hostil, y que no
es la primera vez que esto sucede, p. ej.: "dentro de 1 hora quiero que esté
hecho el balance del mes, así que no pierda el tiempo, y trabaje...". Podemos
suponer que su conducta es consecuencia de rumiaciones respecto a algún
conflicto que ha tenido inmediatamente antes pero de hecho, desconocemos los
motivos.
En este caso podría encabezar su
respuesta diciendo algo como "entiendo que probablemente haya tenido un mal día
y que necesita esto con urgencia..." o "sé que posiblemente está de mal humor y
necesita que le resuelva este asunto...". Si el jefe no añade nada a dicho
comentario, se seguirá con el punto número 2. Si por el contrario da alguna
explicación, se escuchará, y de nuevo se enunciará una expresión de
entendimiento.
Expresión del problema. A
continuación se expondrá el problema de forma clara y concreta. Siguiendo con el
ejemplo, podría aplicarse el enunciado siguiente "sin embargo, me molesta que me
exija que esté listo con tan poco tiempo de margen e insinúe que pierdo el
tiempo..."
Desacuerdo verbal. Se aconseja
utilizar una fórmula breve como "no estoy de acuerdo con ello...", o "no estoy
dispuesto a hacerlo...". Para el caso que nos ocupa sería apropiado decir "no
puedo seguir aceptándolo...".
Petición de cambio de conducta. Este
punto es necesario en prácticamente todas las situaciones de oposición asertiva
y en cambio, se olvida con frecuencia. Añadir este componente marca la
diferencia entre una queja y una petición de cambio de conducta. Además, ofrece
al receptor del mensaje una información valiosa sobre cómo se espera que se
comporte en un futuro. No hay que descartar que podría ser que lo desconociese y
comunicárselo le sirviera de gran ayuda para mejorar la comunicación.
En el ejemplo se podría utilizar la
siguiente fórmula "de ahora en adelante le agradecería que cuando necesite el
balance me lo pida con 3 horas de margen, y que deje de recordarme que no pierda
el tiempo ya que considero que no lo hago...".
Propuesta de solución. Supongamos
que en el caso anterior, el jefe insiste en que cree que en esta oficina se
pierde mucho el tiempo. En este punto podría ser muy útil proponer alternativas
dirigidas a modificar esta creencia. Una de ellas podría ser "creo que, al menos
durante unos meses, podríamos establecer unas reuniones regulares para
supervisar el trabajo realizado durante la jornada. Así podríamos valorar si
verdaderamente existe esta pérdida de tiempo, y en qué momento se da..."
RESPUESTAS ASERTIVAS
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A través de la literatura
especializada, se han definido diversos tipos de respuesta asertiva.
Lógicamente, todas ellas guardan relación con los derechos asertivos. Si los
leemos con detenimiento veremos que algunos de estos derechos guardan relación
con la oposición, y otros con la aceptación asertiva (ver oposición y aceptación
asertiva). A continuación nombraremos los tipos que han sido objeto de
entrenamiento con más frecuencia:
Rechazar una petición,
Hacer una petición, o solicitar
ayuda,
Solicitar un cambio de conducta que
resulta molesta,
Mostrar desacuerdo,
Hacer una crítica,
Recibir una crítica,
Formular un elogio,
Hacer cumplidos.
No es la finalidad de esta
exposición detallar cada uno de los tipos de respuesta, así que se han escogido
únicamente 3 relacionados con la oposición asertiva.
Veamos seguidamente cuáles son los
pasos a seguir.
Solicitar el cambio de una
conducta molesta
Cuando alguien se enfrenta con
cierta regularidad a una conducta de otra persona que le resulta molesta, tiene
la posibilidad de pedir que deje de hacerla y, si la situación lo permite, que
adopte una nueva conducta en su lugar. El propósito de esta petición tiene
muchas más posibilidades de éxito si se formula de forma asertiva.
La formulación asertiva aumenta la
posibilidad de que el cambio se produzca dado que, por una parte, se informa a
la persona del sentimiento desagradable que produce su comportamiento (cosa que
podría ignorar hasta el momento), y de otra, se le brinda la posibilidad de
rectificar.
A continuación se ofrece los pasos
que debe seguir este tipo de petición:
En primer lugar, no hay que olvidar
que la persona tiene la posibilidad de decidir si desea hacer, o no, esta
petición. Quizás no esté justificado en los casos en que es improbable que se
produzca de nuevo la conducta molesta, o se prevé poca predisposición al cambio.
Pensar qué se dirá y cómo.
Normalmente una petición de este tipo no es imprescindible hacerla en el momento
que se produce, sobretodo cuando quien decide hacer esta petición se encuentra
"secuestrado" por emociones de tipo agresivo o por la tristeza. Es preferible
esperar a que se estabilicen las emociones, ya que será más fácil mantener todos
los componentes de una petición asertiva.
Escoger el momento y el lugar
adecuado. Es preferible hacerlo en un momento en el que pueda mantenerse la
atención, sin que existan otros eventos que distraigan o dispersen la atención.
Se intentará evitar la presencia de otras personas que pudieran tomar partido a
favor o en contra de cualquiera de las dos personas dialogantes, ya que ello
podría predisponerlas desfavorablemente.
Describir la conducta molesta. Se
trata de explicar clara y específicamente aquella conducta que resulta molesta,
aportando concreción y sin extenderse más de lo necesario. Simplemente, se
expondrán los hechos (p. ej.: "me gustaría hablar contigo sobre un tema que me
preocupa, ¿tienes un momento?...en las últimas semanas vengo observando que no
cumples con lo establecido en cuanto al reparto de tareas domésticas, has
descuidado la compra y el baño de los niños"). Deben evitarse completamente las
descalificaciones personales y la atribución de intenciones (p. ej.: "eso
demuestra que eres un irresponsable", "sé que lo que pretendes haciendo esto, es
que sea yo quien me encargue de todo"...). Esto sólo serviría para crear
malestar e incitar al otro a defenderse mediante acusaciones, justificaciones, y
en última instancia, negándose a cambiar.
Expresar cómo se siente en relación
a la conducta molesta. Este punto es adecuado cuando existe una relación de
confianza con la otra persona, y no tanto cuando se trata de un extraño.
Expresar que se comprende el
comportamiento del otro. A pesar de no estar de acuerdo con ello, es necesario
comunicar que se conoce el punto de vista de la otra persona. Con ello se logra
que esté más dispuesta a escuchar y a valorar un posible cambio. Siguiendo con
el ejemplo, podría ser adecuado algo como "sé que últimamente tienes mucho
trabajo y estás cansado/a".
Especificar el cambio de conducta
que se desea. La petición debe formularse clara y directamente, evitando las
frases que pudieran dar lugar a confusión. El tono será cordial, amable, pero
firme (p. ej.: "creo que deberías continuar asumiendo tus responsabilidades de
encargarte del baño de los niños y de la compra diaria, tal como acordamos...").
En esta fase la persona que efectúa la petición debe estar abierta a la
negociación, ya que es posible que el otro pida alguna cosa a cambio. A veces es
más importante crear un clima de entendimiento que obtener todo cuanto se
deseaba.
Exponer las razones por las que se
desea el cambio. Explicar las ventajas que se derivan del mismo. Lógicamente,
las ventajas deben referirse a ambos interlocutores. Exponerlas puede ayudar a
que el otro reconsidere la petición y mantenga la conducta de cambio. Hay que
tener en cuenta que todo cambio de comportamiento significa un esfuerzo de
adaptación; significa abandonar antiguos hábitos para adquirir otros nuevos.
Todo es más fácil si se prevén las ventajas que ello supone. En el ejemplo
anterior, las posibles consecuencias positivas podrían ser "así tendríamos más
tiempo para compartir tiempo de ocio", o "de esta manera yo me sentiría mejor y
estaría más amable contigo"...
Explicar las posibles consecuencias
negativas que pueden derivarse de no aceptar el cambio de conducta. Esta opción
sólo se actuará en caso de que la otra persona mantenga una completa oposición a
modificar su conducta. Es recomendable ser realista al enumerar las
consecuencias negativas, es decir, cuidar que se ajusten a la realidad. En la
situación tomada como ejemplo, de nada serviría decir algo como "bien, entonces
los niños dejarán de tomar un baño", o "bueno, pues la nevera permanecerá vacía
hasta que decidas ir a comprar"....¿Realmente estaría dispuesto/a a mantener su
postura? ¿Supondría algún tipo de ventaja para Ud., más allá de la posible
satisfacción inmediata obtenida por la expresión de un sentimiento de venganza?
¿Ayudaría esto a mejorar sus propias condiciones?.
Ahora tomemos como ejemplo una
situación laboral en la que Ud. debe esperar a que llegue su compañero del
siguiente turno para abandonar su lugar de trabajo. Supongamos que esta persona
tiene una conducta repetida de impuntualidad, de forma que Ud. suele marcharse
más tarde de lo estipulado. Después de haber seguido todos los pasos sin éxito,
podría ser adecuado plantear algo como "bien, entonces no me queda más opción
que hablar de ello con mi superior". Respóndase a las preguntas formuladas para
el caso anterior, y si la respuesta es afirmativa, ¡adelante!.
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Mostrar
desacuerdo sobre una opinión y expresar la propia.
Realmente hay un sinfín de
situaciones en las que una persona puede experimentar desacuerdo con la opinión
de otros. A veces se opta por no expresarlo, otras por hacerlo de forma
agresiva, y otras por la forma asertiva.
Inhibirse implica perder la
oportunidad de darse a conocer y de exponer una opinión que puede ser valiosa
para abordar un tema de interés común. La inhibición puede ser útil cuando el
tema que se debate no tiene trascendencia alguna, pero aún así, enriquece poco
el proceso de comunicación.
La forma agresiva de expresar
desacuerdo aporta muchos riesgos; puede entorpecer el avance en un posible
replanteamiento de ambas partes, puede añadir nuevos problemas de comunicación,
y aunque puede obtener el asentimiento del contrario por sumisión, establece una
dinámica de relación de escasa confianza. El hecho de que esta modalidad sea tan
utilizada podría deberse a su relación con la lucha por el poder más trivial, en
la que se define quién es el vencedor y quién el vencido. Pero esta lucha no
permite alcanzar estados más avanzados y creativos que sí permite el contraste
de opiniones. Además, vencer a alguien por sometimiento siempre engendra el
peligro de la rebelión.
La modalidad asertiva no sólo carece
de las desventajas anteriores, sino que ofrece la posibilidad de mantener la
autoestima de la persona.
A continuación se expone los pasos
que deben tenerse en cuenta para expresar desacuerdo ante la opinión de otro y
formular la propia opinión, de forma asertiva.
Asegurarse de haber comprendido la
opinión del otro. Una forma de hacerlo es parafraseando, es decir repitiendo, lo
que se ha creído entender, p.ej.: "según lo que dices, entiendo que propones que
la cantidad anual de emigrantes se limite desde los gobiernos autonómicos...".
También puede utilizarse preguntas de comprobación de la comprensión. En este
caso, la formulación del contenido del mensaje es lo único que cambia. Siguiendo
con el ejemplo sería "¿quieres decir que según tu opinión, la cantidad anual de
emigrantes debería limitarla los gobiernos autonómicos?". De esta forma, se da
la oportunidad de clarificar malos entendidos y obtener una información más
precisa antes de dar la propia opinión.
En ocasiones y por diversos motivos,
se da el caso de que tras la paráfrasis o la pregunta de comprobación, la
persona niega haber sido el autor de lo que verdaderamente ha dicho..."Bueno, no
quiero decir exactamente esto...", "no, yo no he dicho esto...". Puede entonces,
aprovechar la ocasión para matizar lo que ha dicho. En el caso de ser así, es
conveniente hacer de nuevo una paráfrasis o resumen buscando el compromiso
personal con lo dicho, sobretodo en el caso de que la persona que emite la
opinión tenga alguna responsabilidad de acción en el tema. Para el ejemplo que
nos ocupa, aconsejaríamos a un político que lo hiciese.
Pensar en lo que se va a decir y en
cómo. De nuevo no es conveniente precipitarse en emitir la opinión contraria,
con más motivo si ésta supone un compromiso de acción. Puede retomarse el tema
posteriormente, tras haber estudiado los matices que interesa introducir.
Reconocer los aspectos positivos de
la opinión del otro en caso de hallarlos. Este aspecto es aconsejable, ya que
así se predispone al interlocutor a estar receptivo ante la nueva opinión que va
a escuchar. En el ejemplo anterior podría formularse como "estoy de acuerdo en
que es un problema la entrada de emigrantes sin ningún tipo de
planificación...".
Mostrar desacuerdo de manera clara,
firme y amable. En este punto es conveniente no mostrar signos de inseguridad
como el titubeo, o el uso del condicional como forma verbal (yo propondría...,
yo diría ...). Es imprescindible utilizar el pronombre personal yo, o nosotros
si representa la opinión de un colectivo. Aunque el mensaje verbal y no verbal
es firme, el tono debe ser amable (sin alzar excesivamente la voz, sin negar la
mirada, manteniendo una postura erguida y no altiva...).
Una forma sencilla como "yo no estoy
totalmente de acuerdo con tu opinión sobre el tema..." o "nuestro grupo no está
de acuerdo con la solución que vosotros proponéis al problema...", será
suficiente.
Ser específico al describir la
opinión con la que se está en desacuerdo. En esta fase hay que cuidar de no caer
en descalificaciones personales que sólo sirven para activar una conducta
defensiva del interlocutor (p.ej.: "esto nos parece representativo de mentes
estrechas...", "esto demuestra la poca capacidad que Uds. tienen de buscar
soluciones acordes con las necesidades sociales..."). Lo más probable es que
tras este tipo de intervenciones se entre en una escalada de descalificaciones
mutuas a las que tan acostumbrados nos tienen ciertos políticos, y que tan poco
aportan al entendimiento mutuo y al avance en las negociaciones. Además, por
poco agudo que sea el receptor de este mensaje, pronto adivinará que el que lo
emite está haciendo gala de un pensamiento deductivo erróneo, repleto de
generalizaciones imprecisas, que poco tiene que ver con la realidad.
Una alternativa asertiva sería algo
como "no creemos que la alternativa sea pasar la competencia de limitación de
entrada del emigrante a las autonomías..."
Dar razones que sustenten el
desacuerdo. Aquí no se trata de justificarse, sino de dar razones basadas en el
análisis de las limitaciones que tiene la propuesta del otro.
Dar la propia opinión formulándola
de forma concisa. El enunciado debe ser claro, conciso, formulado en primera
persona, y sin perderse en disquisiciones que se apartan del tema concreto. Una
formulación formalmente correcta es "nosotros creemos que la entrada de la
emigración debería estar regulada desde una comisión que represente al gobierno
central y a los gobiernos autonómicos, cuyas funciones serían analizar las
necesidades del mercado...".
Resaltar las ventajas de la nueva
opinión respecto a la del interlocutor. Esto otorga credibilidad a la opinión
que se emite, además de aumentar la probabilidad de que el otro reconsidere su
propia opinión.
Obtener la reacción de la otra
persona a la nueva opinión. La finalidad no es forzarla a que esté de acuerdo y
que abandone necesariamente su planteamiento inicial, sino conocer cuáles son
sus puntos de discrepancia, sus nuevas argumentaciones, o si fuera el caso, las
dificultades que tiene en mantener su posición inicial.
Si los debates políticos siguieran
normalmente este modelo, cabría preguntarse ¿suscitarían más o menos interés
entre la audiencia? ¿aumentaría la credibilidad de sus líderes?.
¿Porqué las series y programas
diversos que se emiten por T.V. representan continuamente modelos pasivo y/o
agresivos de actuación, en lugar de un modelo asertivo?.
Lo cierto es que tanto los debates
políticos como los programas televisivos, transcurren en un plano de realidad
que incorporando un término anglosajón podemos agrupar bajo el epígrafe de
"show" y que podemos traducir como representación, demostración, o exhibición.
Cabe preguntarse si la vida cotidiana se sustenta sobre las mismas bases, o
éstas no son válidas para una convivencia que permita la óptima expresión del
individuo.
Afrontar la crítica
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Afrontar la crítica es un aspecto
que no siempre resulta fácil. Con demasiada frecuencia se cede a la tentación de
rechazarla, negarla, o incluso responder con un ataque hacia aquel que la
expresa.
Si la crítica está mal gestionada
puede acarrear consecuencias negativas tanto para uno mismo como para la
relación con la persona que la efectúa.
De todas formas, hay que reconocer
que bien llevada es una ocasión para replantearse y rectificar la propia
conducta. Una crítica ofrece información acerca de las consecuencias de la
conducta de uno en otras personas. Esto, como es obvio, es imposible sin la
intervención externa.
Así que a continuación expondremos
una forma aconsejable de afrontar la crítica, asertivamente.
Concentrarse en lo que le están
diciendo e intentar comprender ese punto de vista. En esta primera fase es
necesario centrarse únicamente en el contenido de la crítica, posponiendo la
posible tendencia a defenderse o a pensar en los motivos ocultos de quien la
está haciendo. Intente comprender lo que le está diciendo y si no ha entendido
algo, formule una pregunta clarificadora.
No interrumpa, espere a que acabe.
Por descabellado que le parezca, escuche y "almacene" tanto la información que
está recibiendo como su opinión al respecto. Cuando exista una pausa en el
discurso o manifieste claramente que ya ha acabado, es el momento de pasar a la
siguiente fase.
Tómese unos instantes para procesar
la información y organizar la respuesta. Intente no dejarse llevar por las
emociones desagradables que pudiera sentir.
Responda. Si está totalmente de
acuerdo con el contenido de la crítica, reconózcalo (p.ej.: "creo que tienes
razón en todo cuanto dices..."). Puede añadir las razones que le han impulsado a
obrar así. Sea conciso/a y no intente justificarse, sólo informe. Discúlpese sin
extenderse demasiado (p.ej.: "siento lo que ha pasado y que te haya
molestado..."), y si ello es posible, explique qué es lo que piensa cambiar de
ahora en adelante. Intente que la otra persona le comunique verbalmente cómo
recibe su respuesta. En caso de no ser muy favorable, no intente cambiar las
cosas justificándose de nuevo, es mejor que repita brevemente su disculpa (p.ej.:"ya
te he dicho que lo siento...") y vuelva a nombrar los aspectos que piensa
cambiar. Eso sí, sea consecuente con el cambio de conducta que ha anunciado. Si
no está seguro/a de poder mantener su propósito es preferible que no lo diga, ya
que sino perderá credibilidad.
Si no está totalmente de acuerdo con
el contenido, diferencie los aspectos en los que sí lo está y los que no. En
cuanto al resto, haga lo mismo que en el caso anterior.
Si no está de acuerdo en nada de lo
que le han dicho, expréselo añadiendo que a pesar de ello está de acuerdo en que
el otro exprese lo que piensa.
Pida un cambio en las formas de
expresar la crítica si le ha molestado. Ahora es el turno de especificar los
aspectos formales que no le han gustado y de pedir que en el futuro, si tiene
que expresarle una crítica de nuevo, lo haga teniendo en cuenta estos aspectos.
Sea concreto/a cuando se refiera a los mismos y no caiga en acusar al otro de
malas intenciones o de motivos ocultos. Es preferible que intente anular la
probabilidad de que ello vuelva a ocurrir definiendo las condiciones en que
desea que formule la crítica si se volviese a dar la ocasión.
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RELACIÓN ENTRE ASERTIVIDAD Y FOBIA SOCIAL
El síntoma nuclear de la fobia
social, alrededor del cual gira el resto de síntomas es el temor a ser evaluado
negativamente por los demás. El fóbico social no se atreve a posicionarse sobre
las cosas, a dar su opinión, o a tomar una iniciativa, por temor a ser
descalificado.
El bajo auto concepto que tiene, le
lleva a intentar evitar cualquier situación social en la que pudiera ponerse en
entredicho lo que él dice o piensa. Estas situaciones son vividas como altamente
amenazantes porque pueden desencadenar un sentimiento intenso de inadecuación y
de poca valía personal, después de someterse a una autocrítica despiadada. Por
tanto, frente a determinadas situaciones sociales prefiere inhibirse y no correr
el riesgo de sufrir el rechazo que teme.
Pero ocurre que mientras evita estas
situaciones, o se inhibe cuando está en ellas, no pone a prueba la certeza de
sus temores. Más bien al contrario, va alimentando la idea de que no ha sido
rechazado porque ha logrado pasar desapercibido. De esta manera aumentan
paulatinamente sus sentimientos de inadecuación personal y de inseguridad.
Quizás, si expresase su discrepancia de opiniones, podría contemplar como
contrariamente a sus expectativas, no son rechazadas.
El fóbico social le otorga una
autoridad desmesurada a los otros, a la vez que es excesivamente autoexigente.
Si no fuera así, ¿por qué debería de afectarle tanto una crítica?, ¿por qué no
iba a permitirse un error o mostrar una debilidad?, ¿por qué no negarse a una
petición poco razonable?...
Por tanto, incorporar los derechos
asertivos y las habilidades que se derivan, son un tema de extrema importancia y
magnitud para la persona que sufre de fobia social. Si bien es verdad que en
estos casos, paralelamente a la adquisición de habilidades, habrá de modificar
las creencias que están en el trasfondo de su actitud y lo mantienen en su
tendencia a la inhibición conductual.
La práctica correcta de habilidades
asertivas puede devolverle el sentimiento de auto eficacia y la integración
social, muchas veces ausente.
CONCLUSIONES.
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PELIGROS DE AUTOENTRENARSE EN
HABILIDADES ASERTIVAS.
SUGERENCIAS.
La práctica del conjunto de
habilidades asertivas tienen un alto interés personal y social. Si por un
momento imaginamos a cada uno de los miembros de una sociedad comunicándose
mediante estas condiciones, probablemente coincidiremos en afirmar que
automáticamente bajaría el nivel de agresividad y hostilidad, aumentaría el
entendimiento mutuo, crecerían las posibilidades de conservar y aumentar la
autoestima, y se crearían las condiciones para generar relaciones de confianza.
Ahora bien, entrenarse en este tipo
de habilidades no es algo sencillo, sobretodo cuando se parte de un estilo
agresivo o inhibido de conducta, y añadimos una baja autoestima. Las personas
que presenta estas dificultades suelen cometer errores de interpretación de la
realidad social y / o mantener actitudes excesivamente exigentes consigo mismo y
con los demás.
Por tanto, en la mayoría de
ocasiones, es necesario seguir un entrenamiento que modifique estos aspectos
cognitivos disfuncionales.
Todo entrenamiento necesita nutrirse
de ensayos que permiten al fin, alcanzar el nivel de competencia deseado. En
este sentido, no es infrecuente contemplar como el paso de una conducta inhibida
a otra más asertiva se hace a través de intentos que resultan agresivos, o que
siguen inhibiendo componentes importantes para que la respuesta resulte eficaz.
Si la persona se precipita al
ensayar en la vida real, es fácil que no obtenga el resultado deseado y fallezca
su motivación, o incluso refuerce sus sentimientos de incompetencia.
Es por esto que en casos de gran
dificultad en relación a estas habilidades, es preferible seguir un
entrenamiento bajo las directrices de un psicólogo especializado en este campo.
Por último, y una vez aclarado lo
anterior, sería ingenuo pensar que aplicando un estilo asertivo se obtendrán
todos los propósitos que uno cree justos. Lo cierto, es que no todas las
personas dirigen su conducta a entenderse con todos y cada uno de los que
configuran su círculo social. Puede consultarse esta página para obtener algunas
consideraciones de cómo manejarse ante conductas manipuladoras de otros.
Ahora bien, no hay que olvidar que
aún en el caso de no obtener la respuesta deseada por parte del interlocutor,
una respuesta asertiva siempre producirá los efectos de un trabajo personal bien
hecho, entre ellos, el respeto por uno mismo.
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Información extraída de la pagina
de:
Carme Saltó Sánchez
Psicóloga
Clínica. Terapeuta del Grupo de Autoayuda Guiado para Fobia Social.
Núm. col.: 8141
consulta:
Muntaner, 180, 2n, 1ª
Barcelona 08036
Telf.: 93 - 410 24
37
http://www.csalto.net/
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